La violencia machista es la manifestación más extrema de desigualdad entre mujeres y hombres, y continua siendo uno de los grandes problemas a los que se enfrenta nuestra sociedad. Los efectos para las mujeres y las niñas y niños que la sufren obstaculizan de forma grave su acceso a la igualdad de derechos y oportunidades.
La violencia que en sus diferentes formas se ejerce contra las mujeres supone un grave atentado contra la integridad física y moral de las mismas y un ataque directo a su dignidad como personas. Por tanto nos encontramos ante una grave violación de los derechos humanos de las mujeres y ante un problema social de enorme magnitud debido a su gran incidencia en nuestra sociedad y a la gravedad de las secuelas tanto físicas como psicológicas producidas en las víctimas.
La violencia machista es un problema que nos incumbe a todas y todos y constituye una grave violación de derechos humanos que no puede ser silenciada. Este tipo de violencia es consecuencia de la discriminación y las desigualdades por razón del sistema sexo-género que persisten en la sociedad, y por tanto, erradicarla depende de seguir avanzado en términos de sensibilización, de prevención, de reconocimiento y de adecuación de respuestas.














